Vuela Palabra

Antonio Ojeda-VP

Poesía mexicana: cinco poemas de ANTONIO OJEDA

Leeremos cinco poemas de Antonio Ojeda (Estado de México, 1997). Es egresado de la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas de la Universidad Autónoma del Estado de México por el Centro Universitario UAEM Amecameca.
En marzo de 2021 fue publicado su primer poemario Hipotermia, Sopor & Soledad por la editorial de la Universidad Autónoma del Estado de México el cual se encuentra disponible en su totalidad en el Repositorio Institucional de la UAEMex.
Fundó y dirige desde mayo de 2020 la revista electrónica de literatura Hiedra.



Selección de poemas del libro Hipotermia, Sopor & Soledad, 2021.




EL ESPEJO

A mi padre


He tratado de buscarte

en las rampas de las aceras,
en el frío de las ventanas,
en la luz de los faros de niebla;
entre el aserrín que cae de los crucifijos
y las sudamericanas buganvilias.

Tratando de encontrarte
en un respiro de diciembre
que se mantiene en nuestro
aliento y que compartimos
en su nombre.

En el aroma a melancolía
que desprende el filtro
del tabaco viejo,
en su vestigio entre manos
con los dedos cubiertos
por pisadas instrumentales.

—Estoy buscando—

Ayer cerré los ojos
imaginando la playa de Nautla.
Justo cuando me invitaste
la primera margarita.

Y mientras desaparecía
el sabor del jarabe,
se despedía el recuerdo
y se ahuecaba mi sonrisa.

Y traté de recordar también
tu fragancia, tu esencia cautiva
al visitar a menudo a tu fotografía…

hasta los peñascos más altos de los Andes.

Pero, cuando menos lo esperaba,
me sonreíste

………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………en el espejo:
apartando los lentes de mis ojos,
desplazando la luz de mis pestañas,

dibujándome

………………………………………………………………….una nueva cana.




HILOS CARMESÍ

A Araceli, mi madre

 

Todas las mañanas
ya es la hora.

Me quedaré descansando
cuando tenga al único destino
seguro de frente.

Mientras, tus costuras hilan
mis arterias para no perder mi suelo
de maíz, de adobe en las rodillas,
de útiles piernas, brazos y manos.

Sin necesitarte en algún abrazo
dices “te quiero” corriendo

conmigo como en esa fotografía
que años duró en la cocina.

Donde siempre te encuentras,
donde siempre te espero…
ahora que llego más tarde.

Hoy camino sobre las puntadas
que en mis huellas tú tejiste
y el mayor logro es verte
sonreír detrás de este
cristal fundido y templado.

…………………………………………………………………………………………………………………………………………….Aún recuerdo
……………………………………………………………………………………………………………………………………aquellos calcetines
…………………………………………………………………………………………………………………………con hilos rojos recosidos.




MEMORIAS

Creo injusto
que seamos alérgicos
a todos los remedios
contra esta soledad.

Porque aquí una siesta
es un insomnio seguro,
porque una noche de sueños
es un amanecer prófugo
que significa un abandono.

En la oscuridad del claustro
fijé la mirada en una esquina
y poco a poco las sombras
se expandieron en la apertura.

Después de los ojos cerrar,
encontré en el interior de los párpados
una luz considerada y persistente,
quizá fue algún recuerdo.

Un soliloquio de madrugada:

—Y tú, que creíste saber de soledad,
hoy relegas gratitud en medio de la noche
a la compañía de un día
que te abandonó por completo.




MENDOZA

A Arturo Escobedo


El camino, cuatro momentos.
Las hojas de maple de cada viaje.
Sin jauría, de espaldas a la brisa de la fuente.
Entre el sol y el adoquín.
Curado del hambre de contados meses
por la sangre cocida en el jugo de su carne.

El camino sigue como un andén,
–un volver– que terminó para recordarse.
Sin jaula, en un hotel de viejos ascensores
que descienden tres décadas más,
que suben para quedarse tan sólo una noche.

Cómo tiemblas por el humo, viajero.
Entre un par de mañanas

que se toman una pausa al mediodía.
Entre tantas noches vivas,
entre tantos días que se te
mueren restándole distancia
a los caminos a tu casa.

Con tus minutos enfrentando a su agonía,
los dejas cauterizar en una mínima estadía
bajo el pendón de la bandera de Argentina.




VALS DE SOPOR

Este tempo acompañó a la luna,
casi oculta, camuflada en noviembre;
entre faroles y noches estancadas.

En su forma como la de alguna mirada
sus lágrimas parecen por el tacto marcadas
recorren la humedad del espejo
antes de llegar a besarme la cara.

Fue en las punzadas aún en ausencia
que a mi izquierda el sopor se insinuó,
donde el silencio, al fin cedería:
ante la voz que perdió su nombre.

Estamos tan lejos, más que los tiempos,
más que el tren que parte en camino.
La libertad era un derecho primitivo,
tan antiguo y elemental,
que prescindió de toda obviedad.

El barrio arquea sin caballos,
la nevera murmura en las noches.
La diligencia se resiste al neón,
la cordillera se despide del blanco…

y un cortejo espera en la puerta
a un ósculo que nace y se muere en seguida
de espaldas a su sombra
en el paredón de tela carmesí.




***La obra de la cual se han extraído los poemas aquí presentados se encuentra en el Repositorio Institucional de la Universidad Autónoma del Estado de México en el siguiente enlace:

Hipotermia, sopor & soledad

Agradecemos a la poeta y editora Mar Russo quien nos ha enviado esta colaboración.




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