Vuela Palabra

María Mercedes Carranza-Vuela Palabra

Patas arriba con la vida: MARÍA MERCEDES CARRANZA

Leeremos “Patas arriba con la vida” y otros poemas de María Mercedes Carranza. (Bogotá 1945-2003). Licenciada en Filosofía y Letras de la Universidad de Los Andes. Periodista y poeta. Desde 1986 dirigió la Casa de Poesía Silva en Bogotá. Fue miembro de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991. Libros de poesía publicados: Vainas y otros poemas (1972); Tengo miedo (1983); Hola, soledad (1987); Maneras del desamor (1993); El canto de las moscas (1998). Entre muchos otros libros de narrativa y antologías. 

 

Selección de poemas de María Mercedes Carranza, Antología (Universidad Externado, 2004)



PATAS ARRIBA CON LA VIDA


                                                                       
“Sé que voy a morir
                                                                                                            porque
                                                                                          no amo ya nada”.
                                                                               
MANUEL MACHADO


Moriré mortal,
es decir habiendo pasado
por este mundo
sin romperlo ni mancharlo.
No inventé ningún vicio,
pero gocé de todas las virtudes:
arrendé mi alma
a la hipocresía: he traficado
con las palabras,
con los gestos, con el silencio;
cedí a la mentira:
he esperado la esperanza,
he amado el amor,
y hasta algún día pronuncié
la palabra Patria;
acepté el engaño:
he sido madre, ciudadana,
hija de familia, amiga,
compañera, amante.
Creí en la verdad:
dos y dos son cuatro,
María Mercedes debe nacer,
crecer, reproducirse y morir
y en esas estoy.
Soy un dechado del siglo XX.
Y cuando el miedo llega
me voy a ver televisión
para dialogar con mis mentiras.




EL OFICIO DE VESTIRSE

De repente,

cuando despierto en la mañana
me acuerdo de mí,
con sigilo abro los ojos
y procedo a vestirme.
Lo primero es colocarme mi gesto
de persona decente.
En seguida me pongo las buenas
costumbres, el amor
filial, el decoro, la moral,
la fidelidad conyugal:
para el final dejo los recuerdos.
Lavo con primor
mi cara de buena ciudadana
visto mi tan deteriorada esperanza,
me meto entre la boca las palabras,
cepillo la bondad
y me la pongo de sombrero
y en los ojos
esa mirada tan amable.
Entre el armario selecciono las ideas
que hoy me apetece lucir
y sin perder más tiempo
me las meto en la cabeza.
Finalmente
me calzo los zapatos
y echo a andar: entre paso y paso
tarareo esta canción que le canto
a mi hija:
“Si a tu ventana llega
el siglo veinte
trátalo con cariño
que es mi persona”.




ELEGÍA

Caminaba mirando el cielo
Y me fui de narices.
Ahora echo sangre por todas partes:
Las rodillas, el aire, los recuerdos;
Mi falda se desgarró
Y perdí los aretes, la razón.

¿No hay en el alma
Una manera otra
De vivir un desamor?



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