Vuela Palabra

Álvaro Marín-Vuela Palabra

Vean ustedes cómo se acomoda la señora muerte: ÁLVARO MARÍN

«Vean ustedes cómo se acomoda la señora muerte». Que este verso del poeta Álvaro Marín nos sirva para reflexionar sobre la situación que atraviesa Colombia en este momento. La patria se nos va de las manos si no acudimos a la libertad que la palabra nos otorga. Para Marín, el silencio jamás fue una opción. Por ello, desde Vuela Palabra, rendimos un sentido homenaje a su vida y obra.

Marisol Bohórquez Godoy

 



Sustituciones


El tiempo sustituye, el vacío sustituye,
el abismo avanza.
Este es el reino de las sustituciones,
no hay lugar.
Las piedras, esas hermanas de los huesos, están solas.
Llegamos al fin a nuestro reino.

¿Por qué íbamos a estar obligados a deslizarnos
por estas laderas de muerte?
Esta es la caída, el verdín y la muerte.

Esta es la determinación del carbono y el ácido.
Nuestra sombra, mascota sumisa, es un perro
de compañía. Ve por la brecha, deslízate
por el río, o a campo traviesa, da igual
si el final es el mismo.

Pero los hombres sin sueño, pero los dioses
sin aliento. Pero los perros de las galerías
de la muerte, pero los otros que no están en la
mesa, ni en la santísima trinidad de la nada.

Y los que se ocultan, los heridos en el silencio,
los que son sin ser.
Vean ustedes cómo se acomoda la señora muerte,
y todo este viaje sólo para un gesto,
y luego arder.




Versión del extraviado

Dios no cree en nada ni en nadie.
Dios hace tiempo que a nadie saluda ni a nadie le da la mano.
Dios no cree en sus feligreses
Ni en lo que decimos quienes estamos aquí.
“De nuevo la enfermedad, dice, todo es locura en este lugar”
Mientras los días se repiten: los muros, las malas nubes,
y la amarga tintura del veneno. Hasta caer pesadamente dormidos.
Hasta que amanece y somos de nuevo la lenta anaconda,
nos despertamos lerdos y silenciosos, como surgidos del fondo de un pozo.

En la calle se dice que mataron a Dios, otros dicen que está en la cárcel,
que vieron a la policía subirlo a una jaula.
Lo cierto es que nadie ha visto a Dios por estos días.

Un hijo suyo dice que Dios lo torturo y lo crucificó, y yo le creo.
Un día vino protegido por dos guardias: “mentiroso” me dijo.
Traté de taparle la boca pero sus guardias saltaron sobre mi espalda
y me llevaron de nuevo a la celda.
Uno de los guardias trajo el veneno en una mano y en la otra el electrizador.
Cerré mi boca y escribo desde entonces. Guardo silencio, igual
al oscuro escarabajo sumergido en los agujeros de la noche.




Ofrenda

La luz está en la infancia.
Un niño es un hombre erguido sobre la cáscara del planeta,
No ha sido tocado por la antigua enfermedad de la muerte.

La infancia es ausencia de muerte, el llanto del niño es dolor cósmico,
La supresión del juego de pequeño animal reconciliado con la naturaleza.

Lo otro son revenidos malestares
El escándalo de las viudas y el sufrimiento de un clan que no conoce
el don de la ofrenda. Dramas sobre los que desciende a jugar la muerte.

Otra cosa es el dolor,
El llanto del niño aislado en un rincón del arca mortuoria.
Lo demás es la muerte de la infancia y la podredumbre de los dioses.




El Muro

Estos trazos son la tinta del tiempo en la concavidad de la noche.
Estas gotas de tinta son el rastro que deja en el camino un herido de muerte,
son nuestras manchas, nuestras manos tatuadas en el antiguo muro.
¿Qué es lo que tratas de decir con tus manos,
por qué estas heridas en la piedra, por qué esta hoja manchada de tinta?

Sangra la sombra azabache, vas dibujando el mapa de tus duelos.
¿Son acaso las palabras vestigios de alas, son las huellas de una caída
al fondo de tus huesos?
Cincela esta espesa niebla con el pico enjaulado del corazón.

La escritura es la sombra que pregunta por sus alas.
Si rayas abres las alas, si escribes
dejas tu rastro como un silencio vegetal contra el antiguo muro.



A una herida dale alas

Y ya que es obra de tus sueños ama tu herida
a tu propia herida no la niegues, déjala ser,
desnuda su resplandor desde la cima más alta.
A tu herida enséñale a volar, dale alas,
deja que su dolor beba
entre los senos del vacío, la leche de la nada.

 


Álvaro Marín (1958-2021). Escritor y periodista colombiano. Algunos de sus ensayos críticos sobre cultura y literatura se publicaron en El Magazín del diario El Espectador durante los años 90. En poesía publicó Noche Líquida, mención en el Premio Latinoamericano de Poesía convocado por la revista Prometeo; su libro Jinete de sombras (1992) obtuvo un premio en la Casa de Poesía Fernando Mejía de Manizales. El libro de ensayo La brújula no quiere marcar más el norte, es una reflexión sobre literatura colombiana y fue publicado en el año 1997 por la editorial Magisterio de Bogotá. En Caracas publicó Estrategia continental en el año 2008, libro de ensayo sobre cultura latinoamericana y literatura. Otro de sus libros de ensayo crítico es La biodiversidad es la cabalgadura de la muerte, libro que trata sobre el desplazamiento en Colombia. Con la crónica Humboldt y las manzanas podridas, el Instituto de las artes de Bogotá le concedió el premio en este género en el año 2011, en el mismo año el Centro de Poesía José Hierro de España le concedió mención en el Premio Internacional de Poesía Margarita Hierro. La Universidad Industrial de Santander, por convocatoria, le concedió el Premio Nacional de Poesía en el año 2016.
En el campo de la comunicación, las investigaciones desarrolladas sobre los procesos alternativos han sido herramientas de trabajo de organizaciones sociales y comunitarias. Coordinador del Movimiento de Artistas e Intelectuales por la Paz promovido desde el Festival de Poesía de Medellín. En su reflexión ensayística los principales aportes se han desarrollado en temas relacionados con la cultura latinoamericana y las recientes políticas culturales. Fundó la revista El Ojo del Cangrejo, junto a otros artistas y escritores.

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