Vuela Palabra

Gizeh Jiménez

«Creo en las dragas y bisexuales», poemas de Gizeh Jiménez

El día de hoy les compartimos una selección de poemas de Gizeh Jiménez (Monterrey, 1992). Su escritura es poderosa, libre, rebelde, respondona, llena de emoción y vida. Se aleja de las pretensiones poéticas y se acerca a la cotidianeidad más pura, al amor más tangible. El segundo poema, su credo personal, además de mostrar la cara contra los valores religiosos, recupera nuestra capacidad de decidir sobre nuestro físico y sobre nuestra identidad sexual, reclamando los fillers y los tatuajes como un acto de libertad. Ojalá estos poemas les muevan muchas cosas. A mí, la escritura de Gizeh siempre lo hace.


Andrea Muriel


Gracias por jugar a la casita conmigo,
por venir a atestiguar
dónde sangra la herida
y cómo blando el corazón
para cualquier interacción,
desde acariciar un gato
hasta preparar un arroz.
Gracias por jugar a la casita conmigo,
colgar el teléfono del techo
y arrullarnos en la cotidianidad
de una ciudad enemiga,
enferma de su propia grandeza
y hermosa de su monstruosidad.

Gracias por jugar a la casita conmigo,
aunque a momentos haya sido aburrido
o quizá excesiva mi neurosis
de que todo pase como
creo que tiene que pasar.
Gracias, aunque fuera solo un ratito,
algo chiquito
un espacio-tiempo ínfimo,
en comparación con
todo lo antes ya vivido
y ya habitado.
Gracias por dejar tu olor
en las esquinas
y el rumor de tu risa
y tus células muertas
que no sé cuándo terminaré
de barrer
aunque yo espero que nunca.

 

 

 

 

Creo en la divinidad todopoderosa
del tratamiento de reafirmación hormonal,
que se inyecta, se unta o se toma,
en la santa autonomía corporal,
creo en la obra y gracia de las cicatrices
pa’ quitarse o ponerse tetas.
Creo en la resurrección de la carne,
dar nueva vida a lo que
siempre fuimos.
Creo en todo lo que es creado
y no engendrado:
En los cíborgs, cirugías,
tatuajes, perforaciones,
en reclamar la libertad.
Creo en la vasija de la diosa,
que contiene las energías,
que no se atan a ningún genital.
En mis amigues todes poderoses,
que me toman de la mano
cuando solo quiero llorar
y pistear porque me pesa la vida,
concebirme como persona,
y después resucitar al tercer día,
sentada a la derecha de mis gatos.
Creo en las dragas y bisexuales,
los transmasculinos y maricones,
creo en las lenchas, panochas peludas
y vergas rasuradas, en todo lo que hay en medio
y en las personas no binarias.
Creo en el juicio a cis heteros necios,
y creo en la vida de un mundo futuro,
donde se pueda vivir en paz.


 

 

 

Cuando se promete
que en las buenas y en las malas,
siempre pienso en extremos opuestos.
Por ejemplo:
Ganarse la lotería vs. Enfermedad terminal.
Pero la experiencia me ha enseñado
que la mayoría de las cosas entre dos
surgen desde lo sutil.
Que las buenas generalmente,
son darse los buenos días,
el contacto con su cuerpo caliente
al irse a dormir,
compartir desayunos prolongados
y mañanas de contemplación.
Y que las malas
casi nunca tratan
de noticias fatales, bancarrotas o
pérdidas incalculables,
a veces sencillamente radican
en el delicado y doloroso acto
de renunciar al orgullo
para poder acompañar
los duelos del otro
aunque estos no sean
sobre ti.  

 

 

 

 

No sé si sea  
de buen o mal augurio
que nunca eres tan certero
como cuando estás
intoxicado.
Me miras y dices
que me río
para disimular
un abismo.
Invento adivinanzas
que tienen más de
manipulación
que de pregunta.
Y memorizo
trabalenguas,
solo concebidos
para ser mal dichos.

Me miras y dices
que entiendes
por qué me gusta jugar
juegos que tratan
sobre control.
Que trivializo sentimientos
como autodefensa
para no desangrarme.
Que no es mi culpa
ser una adulta
que sigue los consejos
de una niña herida.
Que la crueldad
solo es grandiosa
cuando es creativa
y siendo la hija
de un sádico
poco te sorprende
que se me den bien
ambas.
Me miras y dices
que te das cuenta
que yo no pedí
ser a prueba de balas
que se me nota
el blindaje de la crianza.
Pienso entonces
que nadie en el mundo
me conoce como tú
mientras me miras y dices
que cuando nos vamos
a la cama y me pasas
el brazo bajo las sábanas
sabes perfecto
que también duermes
abrazando una granada.

 

 

 

 

Tú ya sabes que así soy:
terca
modosita
de sangre pesada
como decía mi mamá
obstinada
con mis aires de grandeza
heredada de un apellido
que no significa nada.
soberbia y necia
como decía mi papá
con estas ganas
de comerme el mundo
y vomitarlo
cegada por las características
de mi especie
con la cadera chueca
que me hace caminar chistoso
imagen que contrasta
con esta careta
de saberlo todo
pero sin saber nada
conocedora de nada
experta en nada
especializada con maestría
y doctorado
en nada
así
diáfana y distante
y en cambio otras veces
contrastantemente presente
persistente al punto
del hartazgo
impasible
cabeza dura
con esta maña de empezar cosas
que no termino
porque no me da la fuerza
la vida
las ganas
burra arisca en rehabilitación
llorona y exagerada
dolorosamente normal
mediocre si me da la gana
con tantos errores a cuestas
que ya no los cuento
nerviosa
con esta tendencia a volverme adicta
a casi cualquier cosa
a veces no duermes con una persona
duermes con un monstruo
uno que se despierta
todos los días a trabajar
para pagar la renta
sabemos que
los monstruos no siempre asustan
a veces solamente
visten ropa holgada
y se toman cuatro cafés al día
para que la cafeína
les haga entrar
en un estado neurótico
para concentrar la mente
en la arritmia
¿qué tan rápido puede latir
el corazón
antes de ya no hacerlo más?
volátil
dispersa
una pinche vieja mamona
como decía un anónimo
en Curious Cat
auto desterrada de mi única patria
que es mi madre
y mi abuela
una eterna amante de lo anómalo
de lo efímera que es
la belleza de las flores cortadas
fumadora compulsiva
genéticamente ojerosa
dadivosa con mis pesares
en pocas palabras
una
pinche
vieja
castrosa.

 

 

Gizeh Jiménez Nacida en Monterrey, 1992. Es una persona no binaria, escritora, periodista, creativa y amante del internet. Explora en redes sociales las diferentes maneras de exponer su trabajo por medio de estas plataformas.

 

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