Vuela Palabra

Violeta Vicente Miguelez

Poesía argentina: diez poemas de Violeta Vicente Miguelez

Violeta Vicente Miguelez nació en Argentina en 1990, pero vive actualmente en Estados Unidos. Es psicóloga, investigadora, docente. Su mayor placer es la lectura, y hace unos años comenzó a escribir. Algunos de sus poemas -Impresiones de California, Washington DC, Instrucciones para usar el lavarropas, etc- han sido publicados en revistas de distintos países.
En esta ocasión la autora ha decidido compartir con nuestros lectores una selección de diez poemas. Los primeros tres, los introduce con estas palabras: “Hace un tiempo encontré un libro de Leónidas Lamborghini, La Canción de Buenos Aires, que inspiró los tres poemas que incluyo a continuación. Tomando su estructura lírica, ahondé en miserias cotidianas.”

 


Charla de ascensor

Como el que por llenar un vacío
unos minutines
con su aliento, con algo suyo
por llenar, llena

Y comenta sobre el clima
El más universal de los asuntos

Como el que está ahí y dice
por qué no
si llueve, si hace calor, si hay viento
decir algo

Y comenta sobre el clima
El más universal de los asuntos

Como el que tal vez pudiera callar
y callar sería más digno
pero no, él necesita
es necesario decir algo

como ese, como ese

Y comenta sobre el clima
el más universal de los asuntos

 


El tren en hora pico

Como el que se anticipa
y sale antes -por costumbre-
dejando la taza
sin lavar, despeinado

porque no quiere ser
otro animal
yendo al matadero

Como el que sin siquiera cepillarse
le estampa un beso a su mujer -por costumbre-
y olvidando el cinturón

camina en zigzag apurado

porque no quiere ser
otro animal
yendo el matadero

Como el que va corriendo
agarrado de su pantalón
y casi cae de resbalada al suelo
pero sigue, sigue corriendo -por costumbre-

porque no quiere ser
otro animal
yendo el matadero

Como el que deja una suela
de su zapato y se consuela -por costumbre-
con llegar antes
un poco antes tan sólo

porque no quiere ser
otro animal
yendo el matadero

Como aquel que ve la multitud en el andén
y grita una guasada impronunciable
y empuja a la mujer del carrito
dejando caer su pantalón -finalmente y por costumbre-

como ese, como ese

porque no quiere ser
otro animal
yendo al matadero

 


La cita

Como el que se mira al espejo
y algo no le gusta
y se cambia la remera
y vuelve al espejo y vuelve a cambiarse

Porque no es cuestión de buenos o malos modales
Llegar tarde es su destino irremediable

Como el que revisa minuciosamente su correo
y lee todas las ofertas
y responde un mail importante
que solo le llevará un momento

Porque no es cuestión de buenos o malos modales
Llegar tarde es su destino irremediable

Como el que busca sus llaves
y no las encuentra y maldice a su mujer
pero entonces aparecen
en el bolsillo de su pantalón

como ese, como ese

Porque no es cuestión de buenos o malos modales
llegar tarde es su destino irremediable




Hubo temporadas en las que luché contra el agua

Hubo temporadas en las que luché contra el agua
venía en torrentes a inundarme la cocina
brotaba de la rejilla salía fervorosa por la manguera del lavarropas
o sencillamente corría de una canilla desbocada a la que todos los meses le cambiaba el cuerito
para seguir su rumbo la muy turra por las baldosas del parqué
deslizarse blanda
por debajo del burlete hasta el pasillo
y ahí caer
de manera estrepitosa
por el hueco del ascensor haciendo venir a los vecinos
que tené más cuidado que esto sale caro que no es la primera vez
me escabullía o lloraba o me escabullía llorando
pero pronto volvía a pasarme lo mismo
porque también luchaba contra el agua de lluvia
que se estrellaba en el cerramiento de vidrio y lo hacía abrirse
en goteras
que más que goteras cataratas
que bajaban impávidas por la pared del fondo
arruinándome un Kandinsky comprado en el Guggenheim descolorido el pobre
no me alcanzaban los baldes
ni los tuppers
ni las manos ni mi lengua
y los trapos parecían esos peces planos y horribles que duermen en el fondo del océano
no era una sirena claro está yo era una naufraga
o una bestia marina herida
o un zapato uno solo
humedecido y hediondo
así que acudí a la magia como quien va por medicinas
porque era capaz de creer en cualquier milagro
en las estrellas en la borra del café en unas palabras dichas con misterio
ahora sé como por una revelación o algo así
que el agua que me ahoga es la misma que me saca a flote

 


La vida onírica

Me despierto agotada
él dice: dormiste 8, 9, 10 horas…
como si el tiempo fuera la medida del descanso
mi vida onírica es inmensa
está llena de imágenes
tengo dentro ciudades enteras
en donde transcurren lentos y pesados los relatos

de chica empezaba el día contando mis sueños
de grande no tengo dónde dejarlos

 


En los túneles de mi corazón hay un gato

En los túneles de mi corazón hay un gato
y cuando vienen a tocar los extraños
él les ladra y otras veces pío pío
Hay noches que se queda despierto
jugando a ser su propio ratón
Le digo Portate bien Pequeño
(porque así lo llamo)
y él se relame los bigotes
(porque así le gusta)
A veces se da panzadas de azúcar
y está hiperactivo por horas
Otras veces elige
un lugar calentito
para echarse a dormir



En el café

la gente que pasa por la vereda es mucha gente
ahí va uno, por ejemplo
con una bolsita de miserias
y otra de anhelos a comprar pan
el hecho de que él (y todos los demás)
vivan más allá de los límites de esta ventana
más allá del marco de mi visión
me abruma
no los conozco
ellos tampoco a mí
nos cruzamos en este café
como en una tangente
y no puedo saber de ellos
más que lo que imagino

 


Llego a esa hora

llego a esa hora en la que podría tomar el té o abrir un vino
tuve que ponerme
algunas reglas con el alcohol
especialmente cuando conocí
el buen whisky
cantidades (dos medidas)
días permitidos (jueves, viernes, sábados
en ocasiones los domingos)
tareas que realizar previamente
(llamados, mails, trabajo)
pero no me reprimo demasiado las ganas
(las controlo en la medida de lo posible)
total, me canso
del terciopelo ocre picantón
me canso
y sólo bebo agua durante meses
purgando andá a saber qué demonios
porque así como llegan, se van
esas ganas de flotar
o de sumergirse

 


Cierro puertas y ventanas

en mis sueños
en la casa de mi infancia
algo siempre queda abierto
todas las noches
el trabajo monótono
de cerrar puertas y ventanas
me mantiene alerta
la pregunta ya no es
qué quiere entrar sino
qué puede huir

 


La torsión

otra vez despierto a mitad de la noche
no es el dolor en el pulgar, es el pavor
ante la posibilidad de no dejar de doler
lo estrujo para sentir
todo en su lugar
y corro a ponerme hielo
ya pasaron tres semanas
la caída, la torsión, el no hacer nada
me dicen que se va a curar mal
uniéndose en lugares equivocados
o no se va a curar nunca
pero yo dejo
que mi cuerpo actúe
con su sabiduría
capaz que tiene que andar así
torcido
porque yo ando así
torcida




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