Vuela Palabra

Los hombres que beben cerveza no son como CARLOS TORRERO

Los hombres que beben cerveza no son como Carlos Torrero. Nacido en Cuenca pero criado en Altea (Alicante), de sí mismo dice que le gusta leer y escribir. En ese orden. Y yo añado que todo lo que toca, lo bendice. Poeta, narrador, colaborador de www.doctorgoodfellowbooks.com, portal destinado a la crítica literaria y al fomento de la lectura, es licenciado en Comunicación Audiovisual y MAES en Lengua y Literatura. Ha trabajado en distintos medios, especialmente en guion y dirección de programas para TV, y es autor del libro de cuentos Lejos del champagne (Slooper, 2019) y de los poemarios La hibernación de los moluscos (Celya, 2017), El mudo de Fisher Town (Maclein y Parker, 2021) y Los hombres que beben cerveza no son como yo (Buenos Aires Poetry, 2022), prologado por el reconocido escritor onubense Juan Cobo Wilkins, al que pertenece lo que sigue:

 

 

 

 

I

En unos días cumpliré cuarenta y dos.

Sé que me hago mayor

porque me quedo ensimismado

con el humo ascendente de los rifles.

Y antes no.

Antes sólo pensaba en el ruido

del disparo. O en la trayectoria

de la bala.

 

 

 

 

XVI

Y no sé aún quién soy.

Un bebé, un pájaro o una mecedora.

Poco importa.

Pero cuando muera, tal vez

este sencillo epitafio:

      ┼

 

CARLOS TORRERO SAIZ

   1979 – X

 

ESCRITOR Y, SIN EMBARGO,

UN HOMBRE DE PALABRA

 

 

 

 

XIX

Y la poesía siempre ha sospechado

que la palabra no puede ser

lo que quiera.

Un violín afinado, por ejemplo.

Pues no hay manera. En los violines

afinados es donde menos poesía

encuentra siempre uno.

Un violín afinado tiene algo de piedra.

De ausencia de viento.

De final feliz;

que es lo mismo

que decir muerte, taxidermia,

última parada.

Eso me lo dijo mi abuelo muerto,

antes de yo nacer.

 

 

 

 

IV

En unos días cumpliré cuarenta y dos.

Un buen regalo sería poder cerrar

los párpados

y llenar con tus pechos

las cuencas de mis ojos.

Si no, un libro.

Siempre un libro.

 

 

 

 

V

La belleza es verdad;

la verdad, belleza.

Y la verdad es que siempre llego tarde

a las fiestas.

A este libro, por ejemplo.

Llego tarde.

Debí escribirlo con treinta.

Una cifra redonda,

como la tristeza.

 

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