Vuela Palabra

Vanessa Giacoman-Vuela Palabra

«Frágil» y otros poemas de VANESSA GIACOMAN

Leeremos «Frágil» y otros poemas de Vanessa Giacoman Landívar, quien nació en Cochabamba- Bolivia. Es docente de idiomas y literatura, estudió Lingüística Aplicada a la Enseñanza de Lenguas. Obtuvo la titulación como profesora de inglés y actualmente imparte clases en la fundación holandesa Formación Juventud Boliviana.
Es narradora y poeta. Ha obtenido varios reconocimientos, entre ellos el premio “Bocaccio de Literatura Erótica”. Recibió carta de reconocimiento en el Contra Punto Poético de CODECLI por su poesía, galardón y diploma de honor al poema “Caída Perpetua”, concedido a los escritores hispano-americanos. Mención de honor con el cuento “La Mano Fría” del concurso nacional Adela Zamudio 2014.

Ha publicado los poemarios Infinita Demencia (2007), Ad Infinitum (2011), Clamores Oscuros (2012) Abismos de Luz y Sombra (2013). Además es autora de dos sagas de libros infantiles con los cuales ha sido considerada entre las autoras más leídas por el público infantil de Bolivia.


Poemas extraídos del libro Mujer de nada

 



Frágil

Rasgas mis instintos,
los féretros hablan de zozobra,
y escondes tus ojos
como canicas bajo la lumbre

Mírame, como nunca me has mirado,
mi alma es frágil como un capullo en otoño,
llévame sobre tu viento refrescante
y déjame montar tus cabellos salvajes.




Rastros

Se han comido mi alma
para vomitarla en las calderas de la cocina,
mientras yo seguía buscándola en masas de café negro
y en atardeceres de espectros.

Perdí mi boca en boliches sin vida, húmedos y ahogados;
si alguien conoce el grito de un pastel seco
que horneé para mis hijas, díganles:
Mi alma se quedó trabada en una acera de podredumbre.

Conozco esas ratas eclipsadas que hablan política,
mientras los perros vagabundos aconsejan
a nuestras hermanas mendigas.
Por ellos mi alma ya no es lo que era.

Ahora tengo un espejo quebrado que tiene mil ojos sombríos.
He visto la sepultura de los alacranes sedientos de placer,
cautelosos se funden en mil vaginas acuosas.
No me digan que no cante con los muertos.

He sido disecada en la negrura de mi destierro,
no escudriñen los orificios de mi vergüenza,
triturando las golondrinas de mis besos,
porque estoy callada en una espera sin cuerpo.




Vestigios

Mi rostro de ausente candor,
rechaza mi cuerpo seco.
He caído frente al espejo
como cae una mariposa de alas rotas.

Mis arrugas son alfileres tortuosos,
mi sexo se alimenta de escarnio.
Soy yo una muñeca vieja,
que llora realidades incongruentes.

Mis pechos están roídos, así como mi sombra,
invoco la belleza en la inmensidad,
y busco en un círculo sin huesos mi piel,
hallando un retrato roto del ayer.

No creo seducir la negrura del deleite,
los hombres han devuelto mi cuerpo sin vida,
mientras susurran sus secretos oscuros
en un campo de batalla y orgías retorcidas.

Me iré volando hacia los brazos del pasado,
dejaré todo bocado para ver mis huesos como púas
y gritaré al mundo que soy bella
en una sepultura de latas vacías.




Detrás del sol

Hoy se sacrifican mis palabras

en el borde alado de mi espalda,
ángeles sin nubes han bebido de mis intestinos,
expulsando las hojas secas del recuerdo.

El silencio de los cómplices
impávido se acuesta con mi almohada.
He decidido dormir lamiendo el sol,
detrás de las cruces pesadas que cobijan mis huesos.

Nunca merecí el infierno del dolor calcinante,
que opaca mi libertad,
y que guarda en la espalda
el Universo de mi vientre de madre.

Comeré la manzana
para no desgarrar la esperanza,
aunque en la soledad, visto un traje de novia,
roído por años de torturas.

Veo los edificios del averno
creciendo y matando la vida.
Me he crucificado cien veces
para resucitar en un planeta de lobos tristes.

No me busquen en las diáfanas estrellas,
estoy bajo tierra,
junto al cuerpo de mi hermana,
sintiendo también los gusanos.




Nocturno

Nunca supe lidiar con la noche,
siempre tuvo ojos vigilantes,
ya que, he llevado a la muerte en mi dorso
desde que la oscuridad comenzó a hablarme.

Traté de deshojar los rayos del sol
como una niña inocente,
que ve la melodía triste del abismo
caer sobre sus párpados.

Le hablé a un dios sin nombre
que me pica como una araña diminuta.
Voy a descubrir los cráteres de la luna
para renacer como una avispa.


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