Vuela Palabra

Ana Basilio

Festeja sin sentido y apaga la velita, poemas de Ana Basilio

El día de hoy tengo la felicidad de compartirles una selección de poemas de Ana Basilio. Los primeros tres son inéditos y los últimos dos pertenecen al libro Retorno de Saturno que se publicará el próximo año en Grafógrafxs. Agradezco mucho que la autora nos haya concedido esta primicia y les dejo la entrevista que pude hacerle hace unas semanas por si quieren adentrarse más en su trabajo. Sobre los textos debo decir que me interesa mucho la forma en que Ana lleva el mundo cotidiano al terreno de lo inefable como si ambos universos fueran uno mismo. Hay en estos versos un humor ácido y también una mirada atenta e iluminada ante lo que duele. Ojalá los disfruten como yo. 

Andrea Muriel

 

Falla geológica

 

I

El silencio truncado.
Una esfera de papel hecha ceniza.
Nadie te esperará llegando a casa.
¿Quién se enterará
del polvo que hoy cenaste?

Reinita de oro,
refugiada de la periferia.
Escandón Uno y Avenida Progreso.
A ti encomiendo mi nombre.
En ti confío pájaro de agua.
Devenir futuro
en el centro de mis manos,
en la espalda de mi cueva
donde nunca sé nada,
donde nunca tendré
ni un seguro médico
ni bienes raíces ni hijes
que caminen descalzos por toda la casa.

Gracias Cabecita de algodón
por la pensión de mis viejos,
muertos de azúcar de colores,
solos y secos a seis horas de mi cuerpo,
a seis horas de este cielo partido,
de este edificio que se abre.

 

II

¿Por qué tan pronto se marcan las grietas?
¿Si muero hoy la pensión cubrirá sus recuerdos?
Un grito se sana mascando chicle de fresa
y yo no lo sabía.
Mi vecina me lo dijo.
¿Cómo pude crecer sin tener tan bello conocimiento?
Nos miramos de frente
hoy sentados en la banqueta.

Sara, Sarita,
¿de qué parte de la tierra se sostienen los puentes?
Ve que tiemblan sus piernas
cuando la alerta se desnuda.
Tienen la piel pelada y sangran sobre los indigentes
agua roja,
caliente,
para dormir tranquilos,
para olvidar en paz
y no salir corriendo en toalla

a medio coito y con mi gato en brazos.

Siento envidia del cemento que calla.

 

III

Ojalá pudiera ver colores y palabras en el cielo
como nosotros sembrados en la noche,
derrumbados en un movimiento cotidiano.

Deberías alegrarte por oír las sirenas,
porque ellas pueden meterse a tu sueño como al mío
y brincar de cama en cama
susurrando secretos de muerte al oído
hasta que la tierra respire,
hasta que deje de tener escalofríos.

Soy Sarita, ¿tú cómo te llamas?
Si aprietas el slime te sentirás mejor,
lo prometo.
Hagamos bolitas de estrés juntos.
Mi abuelita pondrá alcohol en mis sienes
para curarme del espanto.
Luego me soplará diez veces en la nuca.
Si no tienes, tráeme un perfume
 y yo te lo hago.

 

IV

Ya me acostumbré a que todo se mueva de lugar
cuando al fin me siento seguro,
cuando he encontrado una piedra que me guste
y un departamento sin aval al precio más accesible.

 

 

 

 

Línea negra

Te busqué entre las calles
afuera de metro Los Reyes
con el hocico y la baba en el concreto sucio,
con los restos de pollo
enredados en el cabello,
media desnuda medio viva
desenrollada y con olor a Kosako.

Mis amigas me dijeron que no te buscara.
Siempre es muy tarde o muy temprano
para venir al Estado de México.
La colilla aún con fuego me salvará de nuevo.
Yo espero. Eso espero.
Suena una balada de fondo.

 

 

 

 

Lilith en Piscis

Haré todo lo que me dicten los sueños
para salir del castillo de espejos.
Gritos de agua que arrastran los peces
a una cascada.
Instante de inundada belleza,
caballos blancos riman el impacto
de mi espíritu contra la nieve,
del poema contra la limpieza
de la lluvia.

 

 

 

 

El Viennetta es un postre para festejar a la vida 
y no me importa que alguien opine lo contrario 

Ya basta de cantarle a la tristeza, lloremos de alegría. 
Gasta todos tus ahorros en tu videojuego favorito, 
en la consola más moderna, en las bolsas más caras. 
No vayas a trabajar, miéntele a tu jefe. 
Dile que estás enfermo. 
Y si la mentira rueda como bola de nieve, 
ve al doctor y di que estás enfermo. 
Pega tu frente a un foco y grita que te duele algo, 
que te duele todo. 
Que fuiste al IMSS y nadie te hizo caso. 
Que la chica de ventanilla dijo que ya no había más medicinas
y luego te ignoró con una mueca fea 
mientras se jalaba el cabello. 
Dilo. Di que el mundo siempre ha estado en llamas.
Que las promesas del apocalipsis llegaron antes que tú
a esta era. 
¡Qué época más divertida para estar vivo! 
¡Qué ganas de sobrevivir a las siete pestes! 
Yo quiero cabalgar con los cuatro jinetes 
para llover de felicidad 
con cada machetazo, 
oyendo las voces de mi dios el hambre, 
que hace de los gusanitos un dip para morderle a la tortilla
y lamer cada resquicio de los platos. 

Nada mejor que morir para siempre en estos días,
y decolorarse el cabello de azul y morado. 
Deja que te caiga el confeti, 
hazte una herida en el brazo 
y que todos la vean, 
porque no importa. 
Ya nada más importa.
Corre al Oxxo y sé feliz. 
Cómprate un Viennetta 
aunque no sea tu cumpleaños. 
Festeja sin sentido y apaga la velita 
con el más sincero deseo 
de no volver a nacer.

 

 

 

 

Tataranieta 

Un amor desbocado. 
Un sueño dentro de otro sueño. 
Y la pesadilla me decía: crecerás. 

Roberto Bolaño 

 

Mi abuela perdió sus ojos azules. 
Los que de niña juré 
sacarle con las manos 
y quitarme los que tengo 
para ver con ellos. 

Mi abuela perdió su carne, 
pero no el sacrificio cristiano 
de dejar de comer grasas y azúcares 
como el doctor ha recomendado.

Mi papá perdió a sus cinco hermanos  
y a su madre, todo, para su luna en Cáncer  
y su solecito aspectado en Tauro. 
Mi tío perdió la vergüenza de seguir cheleando 
y también se le cayó en el camino 
una pierna 
un pie 
otra pierna 
un brazo 
los testículos 
el falo 
las ganas  
de vivir luchando. 
Porque qué sentido tiene estar vivo 
si no se disfruta el sabor que uno elige. 
Qué sentido tiene 
si el precio es respirar amputado 
con sangre que hiede
envuelta por moscas y gusanos, 
con agujeros atravesados por una manguera 
en medio del torso para desechar el agua, 
aunque la torre que fue nuestra vida 
ahora sea una vereda de paso  
para los caimanes  
que comparten su piel seca  
a veces cuarteada  
por la herencia, sangre de dinosaurio. 

Tyrannosaurus rex boca abajo. 
A ti te rezo, concha de azúcar. 
Doctor Simi, véndeme todo en un lunes de descuento.
Esperaré a toda mi casa despierto 
tejiendo mis cabellos con un hilo rojo 
con las Moiras detrás de mis manos, 
listas para susurrar las manecillas del reloj, 
listas para leer una biometría hemática completa
que me asegure una gran herencia 
en miles de pedazos.

 

 

 

Ana Basilio (Poza Rica, Veracruz, 1992). Estudió Letras Hispánicas en la Universidad Autónoma Metropolitana y Derecho en la Universidad Veracruzana. Es autora de Éter para victimarios (Ediciones Sediciones, 2019) y de las plaquettes Alógena (Astros, 2009), Manifiesto Bacanal (C.L. 2012) y Del agua quemada (Editorial Catorce, 2022). En 2021 participó en la antología Novísimas: Reunión de poetas mexicanas, Vol. Il, de la editorial Los Libros del Perro.

 

 

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