Vuela Palabra

Poemas de César Vallejo

CÉSAR VALLEJO «Humano, demasiado humano»

En esta ocasión, el escritor Gianni Darconza nos presenta, en su traducción al italiano, una importante selección de poemas del poeta peruano César Vallejo; considerado entre las figuras más representativas e influyentes de la literatura hispanoamericana del siglo XX.

Yo nací un día
que dios estuvo enfermo.

Io nacqui un giorno
in cui dio era malato.

Los heraldos negros

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!

 

Gli araldi neri

Ci son colpi nella vita, così forti… Io non so!
Colpi come dell’odio di Dio; come se davanti a loro,
il riflusso di ciò che si è sofferto
ristagnasse nell’anima… Io non so!

Sono pochi; però sono… Aprono fossati oscuri
nel volto più fiero e nel fianco più forte.
Saranno forse i puledri di barbari attila;
o gli araldi neri che ci manda la Morte.

Son le cadute profonde dei Cristi dell’anima,
di qualche fede adorabile che il Destino bestemmia.

Quei colpi cruenti sono il crepitio
di qualche pane che dentro il forno si sta bruciando.

E l’uomo… Povero… povero! Volge gli occhi, come
quando sulla spalla ci chiama una mano posata;
volge gli occhi folli, e tutto il vissuto
ristagna, come pozza di colpa, nello sguardo.

Ci son colpi nella vita, così forti… Io non so!

 

Idilio muerto

Qué estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita
de junco y capulí;
ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita
la sangre, como flojo cognac, dentro de mí.

Dónde estarán sus manos que en actitud contrita
planchaban en las tardes blancuras por venir;
ahora, en esta lluvia que me quita
las ganas de vivir.

Qué será de su falda de franela; de sus
afanes; de su andar;
de su sabor a cañas de mayo del lugar.

Ha de estarse a la puerta mirando algún celaje,
y al fin dirá temblando: “Qué frío hay… Jesús!”
y llorará en las tejas un pájaro salvaje.

 

Idillio morto

Che mai farà a quest’ora la mia andina e dolce Rita
di giunco e capulì;
adesso che mi asfissia Bisanzio e che dormicchia
il sangue, come cognac leggero, dentro me.

Dove saranno le sue mani che con fare contrito
stiravano la sera bianchezze a venire;
adesso in questa pioggia che mi toglie
di vivere ogni voglia.

Che sarà della gonna di flanella, dei suoi
affanni; del suo andare
del suo sapore di canne di maggio dei luoghi.

Starà alla porta guardando qualche nuvolaglia
e poi dirà tremando: “Che freddo fa… Gesù!”
e piangerà sui tetti un uccello selvatico.

 

A mi hermano Miguel

………………………………………..In memoriam

Hermano, hoy estoy en el poyo de la casa,
donde nos haces una falta sin fondo!
Me acuerdo que jugábamos esta hora, y que mamá
nos acariciaba: “Pero, hijos…”

Ahora yo me escondo,
como antes, todas estas oraciones
vespertinas, y espero que tú no des conmigo.
Por la sala, el zaguán, los corredores.
Después, te ocultas tú, y yo no doy contigo.
Me acuerdo que nos hacíamos llorar,
hermano, en aquel juego.

Miguel, tú te escondiste
una noche de agosto, al alborear;
pero, en vez de ocultarte riendo, estabas triste.
Y tu gemelo corazón de esas tardes
extintas se ha aburrido de no encontrarte. Y ya
cae sombra en el alma.

Oye, hermano, no tardes
en salir. Bueno? Puede inquietarse mamá.

 

A mio fratello Miguel

………………………………………..In memoriam

Fratello, oggi sto nel sossello della casa,
dove ci manchi senza requie!
Ricordo che a quest’ora giocavamo e che mamma
ci accarezzava: “Però, ragazzi…”

Adesso mi nascondo,
come prima, tutte queste preghiere
vespertine, e spero che tu non mi trovi.
Nella sala, l’ingresso, i corridoi.
Poi ti nascondi tu e io non ti trovo.
Ricordo che ci facevamo piangere,
fratello, con quel gioco.

Miguel, tu ti sei nascosto
una notte d’agosto, all’alba;
ma invece di nasconderti tra le risa, eri triste.
E il tuo cuore gemello di quelle serate
estinte si è annoiato di non trovarti. E ormai
cade ombra nell’anima.

Ascolta fratello, non tardare
a uscire. Sai? Può preoccuparsi la mamma.

 

Nómina de huesos

Se pedía a grandes voces:
‑ Que muestre las dos manos a la vez.
Y esto no fue posible.
‑ Que, mientras llora, le tomen la medida de sus pasos.
Y esto no fue posible.
‑ Que piense un pensamiento idéntico, en el tiempo en que un cero permanece inútil.
Y esto no fue posible.
‑ Que haga una locura.
Y esto no fue posible.
‑ Que entre él y otro hombre semejante a él, se interponga una muchedumbre de
hombres como él.
Y esto no fue posible.
‑ Que le comparen consigo mismo.
Y esto no fue posible.
‑ Que le llamen, en fin, por su nombre.
Y esto no fue posible.

 

Elenco di ossa

Si chiedeva a gran voce:
‑ Che mostri le due mani insieme.
E questo non fu possibile.
‑ Che, mentre piange, gli prendano la misura dei suoi passi.
E questo non fu possibile.
‑ Che pensi un pensiero identico, nel tempo in cui uno zero rimane inutile.
E questo non fu possibile.
‑ Che compia una pazzia.
E questo non fu possibile.
‑ Che tra lui e un altro uomo simile a lui si interponga una moltitudine di uomini come
lui.
E questo non fu possibile.
‑ Che lo paragonino a se stesso.
E questo non fu possibile.
‑ Che lo chiamino, alla fine, con il suo nome.
E questo non fu possibile.

 

XLVI

La tarde cocinera se detiene
ante la mesa donde tú comiste:
y muerta de hambre tu memoria viene
sin probar ni agua de lo puro triste.

Mas, como siempre, tu humildad se aviene
a que le brinden la bondad más triste.
Y no quieres gustar, que ves quien viene
filialmente a la mesa en que comiste.

La tarde cocinera te suplica
y te llora en su delantal que aún sórdido
nos empieza a querer de oírnos tanto.

Yo hago esfuerzos también, porque no hay
valor para servirse de estas aves.
¡Ah! Qué nos vamos a servir ya nada.

 

XLVI

La sera cuoca si trattiene
davanti alla tavola dove mangiasti:
e morta di fame la tua memoria viene
senza provare acqua da quanto è triste.

Ma come sempre la tua umiltà si accorda
perché gli offrano la bontà più triste.
E non vuoi assaggiare, che vedi chi viene
filialmente alla tavola in cui mangiasti.

La sera cuoca ti supplica
e piange nel suo grembiule che ancora sordido
comincia ad amarci dal tanto ascoltarci.

Anch’io faccio sforzi perché non c’è
coraggio per servirci di questi uccelli.
Ah! Non ci serviremo ormai più nulla.

 

Masa

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: “¡No mueras, te amo tanto!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
“¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando “¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: “¡Quédate hermano!”
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar…

 

Massa

Al termine della battaglia,
e morto il combattente, gli si avvicinò un uomo
e gli disse: “Non morire, ti amo tanto!”
Però il cadavere, ahimè!, continuò a morire.

Gli si avvicinarono due e ripeterono:
“Non ci lasciare! Coraggio! Torna alla vita!”
Però il cadavere, ahimè!, continuò a morire.

Si presentarono a lui venti, cento, mille, cinquecentomila,
deplorando “Tanto amore e non poter nulla contro la morte!”
Però il cadavere, ahimè!, continuò a morire.

Lo circondarono milioni di individui,
con una supplica comune: “Resta, fratello!”
Però il cadavere, ahimè!, continuò a morire.

Allora tutti gli uomini della terra
lo circondarono, li vide il cadavere triste, emozionato;
si alzò lentamente,
abbracciò il primo uomo; e cominciò a camminare…

 

César Vallejo (Perú, 1892 – Francia, 1938). Es una de las cumbres de la poesía en lengua castellana y el autor que más ha influenciado, de una u otra forma, a la poesía peruana del siglo XX. Entre sus libros figuran: Los heraldos negros (1918), Trilce (1922), Poemas humanos y España, aparta de mí este Cáliz, estos últimos publicados póstumamente en 1939 por su mujer Georgette. Su estética está signada por una etapa modernista, vanguardista y revolucionaria. Sin duda el componente indígena atraviesa toda su impronta, ya sea de manera tácita o explícita. Su poesía dolorosa y profundamente humana, es una apuesta intensa, extrema y visceral, con una serie de neologismos y giros insólitos.

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