Vuela Palabra

JUAN FELIPE ROBLEDO «Nos debemos al alba»

El escritor Gianni Darconza nos presenta una selección de poemas del poeta colombiano Juan Felipe Robledo, en su traducción al italiano.

Porque al final todo es olvido
para quien al tráfago su sangre dona

Perché alla fine tutto è oblio
per chi al viavai il suo sangue dona

Nos debemos al alba

Traicionar las palabras,
canjear su peso, su color,
en el sucio mercado de los días
es acto que nos llena de muerte
y ceniza y vago afán.
Ha de ser castigado
con el hierro, la soledad,
el tedio y la miseria.
Nos debemos al alba,
plateros, a la dicha,
y al canto y al remo
y al ensueño trazado en la garganta
y a mañanas sin prisa
en las orillas de un mar que ya no es.
Porque al final todo es olvido
para quien al tráfago su sangre dona,
a la parla chi suona
y a conversaciones con tontos
y mercachifles,
y comete delitos en descampado
con las pequeñas,
las terribles y mansas
y arteras palabras.

Siamo debitori all’alba

Tradire le parole,
barattare il loro peso, il colore,
nello sporco mercato dei giorni
è un atto che ci riempie di morte
e cenere e vago desiderio.
Deve essere castigato
col ferro, la solitudine,

il tedio, la miseria.
Siamo debitori all’alba,
orefici, alla fortuna,
e al canto e al remo
e al sogno tracciato nella gola
e ai domani senza fretta
nelle spiagge di un mare che non è più.
Perché alla fine tutto è oblio
per chi al viavai il suo sangue dona,
alla parlantina chi suona
e a conversazioni con gli stupidi
e i ricettatori,
e commette delitti nella spianata
con le piccole,
le terribili e docili
e astute parole.

Palabra que no dice

No dice la palabra,
no dice como lo hace quien dice:
“No tengo dinero, no hay para una limosna”,
la callada palabra no dice hoy: “Me debes”,
y que no diga es una bendición.

La palabra no dice, no canta en el centro del plató,
la palabra está sola, limpia su cara y se atusa el bigote,
está ahí, gordita, esperando para entrar en el baño.

La palabra salterio, la fantasiosa, la inteligente y estentórea,
no nos ha concedido una cita, no se muestra para nosotros.
Adormilados, acariciamos sin ganas la palabra cotidiana
y ésta sí nos cobija, cómo nos quiere sin que lo notemos.

La palabra cocina un potaje de amor
y es mamá regresando de comprar pastelitos para su amado perro negro,
nuestra ropa dejada a merced de la espuma en un platón con agua,
el tenedor que se enredó en las sábanas,
la mancha asimilada a un rostro en la ventana.

Ésta, la palabra que no exorna un yelmo
y es aceite turbio en el mesón de la cocina
y telaraña en el descansillo de una escalera
y trepidación de un insecto en medio de la noche,
esa llave que nada abre y conservamos por si acaso
es, ahora, la palabra.

(Pequeña camarada que aprende con nosotros a contar el tiempo,
a dividirlo y multiplicarlo y sumarlo y restarlo de lo que nos queda).

Parola che non dice

Non dice la parola,
non dice come fa chi dice:
“Non ho soldi, non ce n’è per un’elemosina”,
la tacita parola non dice oggi: “Mi devi”,
e che non lo dica è una benedizione.

La parola non dice, non canta nel centro della scena,
la parola è sola, pulita la sua faccia e si spunta i baffi,
sta lì, grassottella, in attesa di entrare nel bagno.

La parola liturgia, la fantasiosa, l’intelligente e stentorea,
non ci ha concesso un appuntamento, non si mostra a noi.
Assonnati, accarezziamo svogliati la parola quotidiana
e questa sì ci ripara, quanto ci ama senza che lo notiamo.

La parola cucina un minestrone d’amore
ed è la mamma che ritorna dal comprare dolcetti per il suo amato cane nero,
i nostri vestiti lasciati alla mercé della schiuma in un piattone pieno d’acqua,
la forchetta che si è aggrovigliata tra le lenzuola,
la macchia assimilata a un volto nella finestra.

Questa, la parola che non adorna un elmo
ed è olio torbido sulla tavola della cucina
e ragnatela sul pianerottolo di una scala
e trepidazione di un insetto in mezzo alla notte,
quella chiave che nulla apre e conserviamo nel caso che
è, adesso, la parola.

(Piccola compagna che impara con noi a contare il tempo,
a dividerlo e moltiplicarlo e sommarlo e sottrarlo da ciò che ci rimane).

Se acepta la propia condición

No es arriba, en el cielo, donde encontraremos nuestro destino,
no es abajo tampoco, porque allí nuestros pies encontrarán el polvo,
no entre adelfas o nomeolvides hallaremos reposo,
no habrá pausa en el tiempo de los días álgidos,
no hallaremos consuelo en el roto corazón.

No, no hay ánimo para irse de fiesta
ni efemérides para celebrar,
permanecemos con el espinazo quebrado bajo las lámparas.
y no descubriremos un sitio más cómodo.

Viajamos en medio del espanto, padres de gemidos que no se oirán en la brisa,
y no somos sino días cegados
y ponientes que se doblan y mañanas para nada
y delirios de un ayer que tampoco fue mejor.

Si accetta la propria condizione

Non è sopra, nel cielo, dove troveremo il nostro destino,
non è nemmeno sotto, perché lì i nostri piedi troveranno la polvere,
non tra oleandri e nontiscordardime troveremo riposo,
non ci sarà pausa nel tempo dei giorni gelidi,
non troveremo consolazione nel cuore spezzato.

No, non c’è coraggio per fare festa
né ricorrenze da celebrare,
restiamo con la spina dorsale spezzata sotto le lampade,
e non troveremo un posto più comodo.

Viaggiamo in mezzo allo spavento, padri di gemiti che non si sentiranno nella brezza,
e non siamo altro che giorni accecati
e ponenti che si piegano e domani per nulla
e deliri di uno ieri che non fu neppure migliore.

Luz en la tarde

Para Álvaro, mi hermano

Por la imagen que para ti no tuve,
por esa manía vieja de querer un tiempo sin olvido,
me siento en esta mesa
e invento atardeceres de violencia
y rumores lejanos de otro día
(mi mamá llamándome a almorzar cuando Matías Sandorf dejaba el puerto).
Salgo a dar una vuelta de amigos por el parque
y estoy tranquilo con el destino que me ha sido dado.
Miro más allá de la ventana y soy alegre y digno
y estoy pleno de mí mismo
al recordar a Leonardo
pintando cabritos cerca del Arno.

Luce nella sera

Ad Álvaro, mio fratello

Per l’immagine che per te non ho avuto,
per quella vecchia mania di volere un tempo senza oblio,
mi siedo a questa tavola
e invento crepuscoli di violenza
e rumori lontani di un altro giorno
(mia mamma che mi chiama a pranzare quando Matías Sandorf lasciava il porto).
Esco a fare un giro con gli amici nel parco
e sono tranquillo con il destino che mi è stato dato.
Guardo oltre la finestra e sono allegro e degno
e sono pieno di me stesso
ricordando Leonardo
che dipinge caprette in riva all’Arno.

Confesión

Busco en la superficie de las dunas una manera distinta de mirar,
un brillo que guíe mi retina con precisión,
que me permita descubrir en cada objeto su densa, su secreta simiente,
y que el obrar aprendido en este tránsito me deje estar sin prisas en el roquedal,
no añorando las flores, no negando su belleza,
haciendo que mi corazón viva bajo el cielo sin temor,
y que las lagartijas me quieran sin dudarlo,
…………….simplemente mostrándome lo risueñas que están,
libres y con el alma atenta a la dicha que nos llama en el aroma del espino.

Confessione

Cerco sulla superficie delle dune un modo diverso di guardare,
uno scintillio che guidi la mia retina con precisione,
che mi permetta di scoprire in ogni oggetto la sua densa, segreta semenza,
e che l’operato appreso in questo transito mi lasci sostare senza fretta tra queste rocce,
senza bramare i fiori, senza negare la loro bellezza,
facendo sì che il mio cuore viva sotto il cielo senza timore,
e che le lucertole mi vogliano senza dubitarne,
…………..semplicemente mostrandomi quanto sono sorridenti,
liberi e con l’anima attenta alla buona sorte che ci chiama nell’aroma degli spini.

Juan Felipe Robledo (Medellín, Colombia, 1968). Es poeta, ensayista y profesor de literatura en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Entre su obra poética cabe destacar: De mañana, obra con la cual recibió el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Chiapas (México, 1999). En el 2002 se publicó La música de las horas, poemario que recibió el Premio Nacional de Poesía del Ministerio de la Cultura de Colombia en el 2001. En 2010 la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá publicó El don de la renuncia. Adicionalmente, han sido publicadas seis antologías de sus obras: Nos debemos al alba (Golpe de Dados, 2002), Calma después de la tormenta (Colección Viernes de Poesía, Universidad Nacional de Colombia, 2002), Luz en lo alto (Universidad Externado de Colombia, 2006), Dibujando un mapa en la noche (Ediciones Igitur, 2008), Aquí brilla, es extraño, la luz de nuevo (Ediciones San Librario, 2009), y Poemas ilustrados (Tragaluz, 2010).

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