Vuela Palabra

Cavando de Seamus Heaney

Cavando: poema de SEAMUS HEANEY

Seamus Heaney (Castledawson, Irlanda, 1939 – Dublín, 2013), premio Nobel de Literatura en 1995, fue Irlanda. Es Irlanda, porque los poetas no dejan de ser cuando termina su paso por la tierra, no conocen pasado. Para quienes lo conocían sólo por sus palabras, su voz siguió hablando con la misma claridad, y quizás incluso con mayor fuerza. Heaney fue un poeta civil, porque un irlandés no puede renunciar, en la búsqueda de su propia identidad, a la historia sangrienta de su tierra, pero su poesía también se inspira profusamente en la tradición y el mito, porque un irlandés nunca olvida que la historia es mito y que cada irlandés es hijo de ese mito.

En 1966, Seamus Heaney publicó su primer poemario, Death of a Naturalist, que marca el paso de la juventud a la edad adulta, a la conciencia de su elección de ser escritor. El primer poema de esa colección es Digging. Sus raíces, el propósito de su vida, el significado de su poesía, ya están presentes y claros en su mente. La pluma es un arma, una ganzúa, una herramienta con la cual cavar para encontrar “la buena turba”, como su padre cavó la tierra en busca de patatas y su abuelo en busca de turberas. Y las patatas y la turba han significado la vida de los irlandeses más pobres. De modo similar, la poesía significa vida para el tercer descendiente de la familia. Porque escribir significa desenterrar las verdades más profundas ocultas en cada uno de nosotros desde la oscuridad de nuestro ser interior. Lo que los antiguos celtas llamaban “la verdad de un hombre”.

Gianni Daronza



A continuación les presentamos, en la traducción de Marisol Bohórquez y Gianni Darconza, el poema «Digging».



CAVANDO

Entre el índice y el pulgar
reposa la pluma; cómoda como una pistola.
Bajo la ventana, el claro sonido rastrillante
de la pala que se hunde en el terreno pedregoso:
mi padre, que cava. Miro hacia abajo

hasta que su grupa tensa se agacha
entre los parterres, se endereza como hace veinte años
curvándose rítmicamente entre los surcos de la papa
donde estaba cavando.

La bota burda encajada en la lámina, el mango
contra la parte interior de la rodilla apalancaba con firmeza.
Arrancó las capas superiores, enterró el borde brillante profundamente
para esparcir papas nuevas que recogimos,
amando su fresca dureza en nuestras manos.

Por Dios, el anciano sabía manejar la pala,
justo como su viejo.

Mi abuelo en un día cortó más turba
que nadie en el pantano de Toner.
Una vez le traje leche en una botella
con una tapa improvisada de papel. Se enderezó
para beber, luego se inclinó inmediatamente
mellando y cortando cuidadosamente, lanzando terrones
por encima de los hombros, ahondando cada vez más
hacia una buena turba. Cavando.

El frío olor de la tierra de la papa, el golpeteo
de turba empapada, el corte limpio de un extremo
a través de vivas raíces se despiertan en mi mente.
Pero no tengo una pala para seguir a esos hombres.

Entre el índice y el pulgar
reposa la pluma.

Cavaré con ella.

(Traducción de Marisol Bohórquez Godoy)



SCAVANDO

Tra l’indice e il pollice
se ne sta la penna; comoda come una pistola.
Sotto la finestra, il limpido suono raschiante
della vanga che affonda nel terreno ghiaioso:
mio padre, che scava. Guardo giù

finché il suo teso deretano si abbassa
tra le aiuole, torna su come vent’anni fa
curvandosi ritmicamente tra i solchi di patate
dove si dava da fare scavando.

Lo stivale grezzo si annidava sull’aletta, il manico
contro l’interno del ginocchio faceva salda leva.
Sradicava alte cime, seppelliva nel profondo vive estremità
per disseminare nuove patate che noi raccoglievamo,
amandone la fredda durezza nel palmo della mano.

Per Dio, il vecchio sapeva maneggiare la vanga,
Proprio come il suo vecchio.

Mio nonno tagliava più torba in un giorno
di chiunque altro nella torbiera di Toner.
Una volta gli portai del latte in una bottiglia
viscidamente tappata con della carta. Si raddrizzò
per bere, poi si chinò immediatamente
a incidere e affettare con precisione, sollevando zolle
sopra le spalle, affondando sempre più in giù
verso la buona torba. Scavando.

Il gelido odore di terriccio di patate, lo scalpiccio
della torba fradicia, il taglio netto di un’estremità
lungo radici vive si risvegliano nella mia mente.
Ma io non ho una vanga per seguire uomini del genere.

Tra l’indice e il pollice
se ne sta la penna.

Scaverò con quella.

(Traducción de Gianni Darconza)

 



DIGGING

Between my finger and my thumb
The squat pen rests; snug as a gun.

Under my window, a clean rasping sound
When the spade sinks into gravelly ground:
My father, digging. I look down

Till his straining rump among the flowerbeds
Bends low, comes up twenty years away
Stooping in rhythm through potato drills
Where he was digging.

The coarse boot nestled on the lug, the shaft
Against the inside knee was levered firmly.
He rooted out tall tops, buried the bright edge deep
To scatter new potatoes that we picked,
Loving their cool hardness in our hands.

By God, the old man could handle a spade.
Just like his old man.

My grandfather cut more turf in a day
Than any other man on Toner’s bog.
Once I carried him milk in a bottle
Corked sloppily with paper. He straightened up
To drink it, then fell to right away
Nicking and slicing neatly, heaving sods
Over his shoulder, going down and down
For the good turf. Digging.

The cold smell of potato mould, the squelch and slap
Of soggy peat, the curt cuts of an edge
Through living roots awaken in my head.
But I’ve no spade to follow men like them.

Between my finger and my thumb
The squat pen rests.
I’ll dig with it.

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