Vuela Palabra

Poemas de Lucia Estrada

LUCIA ESTRADA «Mi cuerpo es un camino cerrado, reflejo de una luz marchita.»

Presentamos una selección bilingüe de poemas que hacen parte del libro Las Hijas del Espino (2006) de la poeta colombiana Lucia Estrada.

Traducción al inglés de Olivia Lott.

Sylvia Plath

Todo lo ha devorado el invierno
y el jardín de rojos tulipanes en el que ocupé mis manos
ha iniciado su descenso definitivo.

La casa es una viejo sarcófago de vigilas
y pergaminos desechos.
En ella duermen las ruinas de mi corazón.

A través de la bruma
sólo puedo distinguir el rencoroso brillo
de las abejas.

No hay perfección.

Mi cuerpo es un camino cerrado, reflejo de una luz marchita.
Nunca se bastó a sí mismo. Nunca.

Detrás de los muros, por entre las grietas,
vuelve a mí el eco de la fiebre
palabras que revientan bajo la escarcha
como pequeños ríos de mercurio.

El invierno ha perdido mis pasos en la nieve.
Sangra en el aire
su condena.

Sylvia Plath

Winter has devoured it all
and the red tulip garden where I kept my hands busy
began its final descent.

The house is an ancient sarcophagus with vigils
and scraps of parchment.
What’s left of my heart sleeps inside it.

Through the mist
I can only make out the spiteful glow
of bees.

There is no perfection.

My body is a path closed off, a reflection of a faded light.
It was never enough for itself. Not even once.

Behind the walls, through the cracks,
fever’s echo circles back to me
words bursting beneath the frost
like small rivers of mercury.

Winter has lost my footsteps in the snow.
Bleeding into the air
its conviction.

Alma Malher

Yo también lo prefiero.

Es más bella la mano
al pulsar una cuerda invisible.

Cuando duermes,
reaparecen las tres mil sombras de tus dedos
tejiendo filigranas
en el oscuro cuello del dragón.

Te miro inquieta
sin atreverme a respirar.
Es la hora más alta
del doble vuelo nocturno.

Escribo en la seda de tus párpados
mi temor de perderle,
de que huya como un gato por los techos,
de que salte y reviente la cuerda
de todas las campanas del mundo,
de que se despeñe con el sonido metálico
de un arcángel
en el centro mismo de la orquesta.

Yo también lo prefiero
cóncavo y oscuro.

La clave blanca y negra
de todo cuanto existe
se advierte
en su sinfonía de agujas.

Alma Malher

I favor him too.

The hand’s most beautiful
plucking an invisible string.

When you sleep,
three thousand shadowed fingers reappear
twisting filigrees
on the dragon’s lightless neck.

I watch you restlessly
not daring to take a breath.

It’s the highest hour
of night’s double flight.

On the silk of your eyelids
I scrawl my fear of losing him,
of him bolting like a cat on rooftops,
skipping and bursting the string
that holds all the world’s bells,
of him tumbling with the metallic sound
of an archangel

center stage at the orchestra.

I favor him too
concave and shadowed.

The black and white key
of all that exists
gives warning
with its symphony of needles.

Zelda Sayre

Como no vendrás a la cena de mis muertos,
ni sabrás para quién cavo esta tumba,
pongo desde ya,
bajo tu lengua,
la hostia viva de mis alucinaciones.

Cada quien tomó su camino,
de izquierda a derecha
el más profundo.
Cada quien siguió atado
a la cinta mortal de su locura.

Escribe para que no vuelvan,
que yo comeré y beberé, como Alicia,
el rojo resplandor de la fiesta,
mientras el mundo termina de cerrarse
sobre mí.

No te asombre
si nuestras palabras
no son las de antes,
si nuestro destino, tal como se construye,
nos golpea el rostro y nos hiere
y nos deja completamente ciegos.

¿Qué hacer cuando ellos nos empujan?

Esa legión de ángeles ebrios,
terribles como el rostro
que se refleja por última vez.

No tardes.
Ya nadie nos espera.

Zelda Sayre

Since you can’t make the dinner with my dead,
and won’t know for whom I dig this grave,
from now on I’ll place
beneath your tongue,
the living host of my hallucinations.

We all chose a path,
from left to right
the farthest one.
We all stayed bound
to the deadly strip of our insanity.


Write so they won’t come back,
since, like Alice, I’ll eat and drink up
the party’s red radiance,
while the world finishes closing
over me.

Don’t let it shock you
if our words
aren’t the same as before,
if our fate, as it’s made up,
slaps us across the face, scars
and leaves us completely blind.

What can we do when they push us?


That legion of drunk angels,
unnerving like a face
reflected one last time.

Don’t be late, don’t be late.
There’s no one waiting anymore.

Lucía Estrada (Medellín, Colombia, 1980) es la autora  de 10 libros de poesía ganadores de importantes concursos, entre ellos Las Hijas del Espino (2006), El Ojo de Circe (2007), La noche en el espejo (2010) y Cuaderno del ángel (2012). Recientemente obtuvo el Premio de Poesía de Bogotá con su poemario Katábasis. Ha sido invitada a participar en numerosos eventos literarios nacionales e internacionales y, durante varios años, ayudó a organizar el Festival Internacional de Poesía de Medellín. Estrada actualmente se desempeña como Coordinadora Cultural de la Corporación Otraparte. Su trabajo ha sido parcialmente traducido al inglés, francés, japonés, italiano y alemán.

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