Vuela Palabra

Poemas de Yusef Komunyakaa

Camuflando la quimera: Yusef Komunyakaa

Los poemas que presentamos aquí hacen parte del libro Dien Cai Dau (1988) del escritor Yusef Komunyakaa. Una crónica de las experiencias de un soldado afroamericano (el mismo autor) en el infierno del combate en Vietnam, vivido entre 1969-1970. Komunyakaa nos presenta una visión aguda y crítica del trauma que supuso la guerra para los soldados norteamericanos. El título es una expresión vietnamita que significa “loco en la cabeza”, y era utilizada despectivamente para referirse a los invasores norteamericanos.

La traducción al español ha estado a cargo de la poeta colombiana Marisol Bohórquez Godoy, y al italiano por parte del poeta Gianni Darconza.

 

CAMUFLANDO LA QUIMERA

Atamos ramas a nuestros cascos.
Pintamos nuestros rostros y fusiles
con el barro de la ribera,

colgamos briznas de hierba en los bolsillos
de nuestros camuflados. Como hilos
en un telar, nos fundimos con el terreno
felices de ser el blanco de un colibrí.

Abrazamos el bambú y nos inclinamos
para esquivar la brisa del río,
arrastrando lentamente nuestros fantasmas

desde Saigón hasta Bangkok,
tras dejar a las mujeres abandonadas en las puertas
cuando partimos desde América.
Apuntábamos a pájaros de aciago canto.

En las sombrías paradas de nuestro recorrido,
los simios de las rocas intentaron delatarnos
lanzando piedras al atardecer. Los camaleones

trepando en nuestras espaldas, cambiaban del día
a la noche: del verde al dorado,
del dorado al negro. Pero esperamos
hasta que la luna se convirtió en metal,

hasta que algo pareció romperse
en nosotros. Los Vietcong batallaron
con la ladera, como seda negra

que lucha con el hierro a través de la hierba.
No estábamos allí. El río corría
a través de nuestros huesos. Pequeños animales hallaron refugio
contra nuestros cuerpos; contuvimos la respiración,

preparados para formar nuestra emboscada
en L, mientras que el mundo giraba
bajo los párpados de cada hombre.

(Traducción de Marisol Bohórquez Godoy)

 

CAMUFFANDO LA CHIMERA

Attaccammo rami ai nostri elmetti.
Ci dipingemmo le facce e i fucili
con il fango della riva di un fiume,

fili d’erba appesi alle tasche
delle nostre tute mimetiche. Procedemmo
a zig zag sul terreno,
contenti di essere bersaglio per i colibrì.

Abbracciammo i bambù e ci sporgemmo
contro la brezza del fiume,
trascinando i nostri fantasmi

da Saigon a Bangkok,
con le donne abbandonate sulla soglia
quando partimmo dall’America.
Miravamo agli uccelli dal canto cupo.

Alle oscure fermate del nostro percorso
le scimmie delle rocce tentavano di smascherarci,
lanciando pietre al tramonto. I camaleonti

strisciavano sulle nostre schiene, mutando da giorno
a notte: da verde a dorato,
da dorato a nero. Ma noi aspettammo
finché la luna divenne metallo,

finché qualcosa si spezzò quasi
dentro di noi. I Vietcong lottavano
contro il pendio, come seta nera

alle prese col ferro attraverso l’erba.
Noi non c’eravamo. Il fiume ci scorreva
nelle ossa. Piccoli animali trovarono rifugio
contro i nostri corpi; trattenemmo il respiro,

pronti a far scattare la nostra imboscata
a L, mentre un mondo ruotava
sotto le palpebre di ogni uomo.

(Traducción de Gianni Darconza)

 

CAMOUFLAGING THE CHIMERA

We tied branches to our helmets.
We painted our faces & rifles
with mud from a riverbank,

blades of grass hung from the pockets
of our tiger suits. We wove
ourselves into the terrain,
content to be a hummingbird’s target.

We hugged bamboo & leaned
against a breeze of the river,
slow-dragging with ghosts

from Saigon to Bangkok,
with women left in doorways
reaching in from America.
We aimed at dark-hearted songbirds.

In our way station of shadows
rock apes tried to blow our cover,
throwing stones at the sunset. Chameleons

crawled our spines, changing from day
to night: green to gold,
gold to black. But we waited
till the moon touched metal,

till something almost broke
inside us. VC struggled
with the hillside, like black silk

wrestling iron through grass.
We weren’t there. The river ran
through our bones. Small animals took refuge
against our bodies; we held our breath,

ready to spring the L-shaped
ambush, as a world revolved
under each man’s eyelid.

 

NUNCA SE SABE

Bailó con la hierba alta
por un instante, como si
estuviera danzando con una mujer. El cañón
de nuestros fusiles brillaba de un blanco abrasador.
Cuando llegué a él,
un halo azul
de moscas ya lo había reclamado.
Tiré de la fotografía deshecha
que apretaba en sus dedos.
No hay otra manera
de decir esto: me enamoré.
La mañana clareaba de nuevo,
excepto para un mortero distante
y para los helicópteros que despegaban en algún lugar.
Deslicé la billetera en su bolsillo
y le di la vuelta, para que no se quedara
besando el suelo.

(Traducción de Marisol Bohórquez Godoy) 

 

NON SI SA MAI

Ballò per un momento
con l’erba alta, come se danzasse
con una donna. I nostri fucili
divamparono di un rovente biancore.
Quando mi avvicinai a lui,
un alone azzurro
di mosche lo aveva già rivendicato.
Strappai la foto sgualcita
dalle sue dita.
Non c’è altro modo
per dirlo: mi innamorai.
Il mattino si schiarì nuovamente,
all’infuori di un mortaio distante
e di elicotteri che decollavano chissà dove.
Gli infilai il portafoglio in tasca
e lo rivoltai per evitare che continuasse
a baciare il suolo.

(Traducción de Gianni Darconza) 

 

WE NEVER KNOW

He danced with tall grass
for a moment, like he was swaying
with a woman. our gun barrels
glowed white-hot.
When I got to him,
a blue halo
of flies had already claimed him.
I pulled the crumbled photograph
from his fingers.
There’s no other way
to say this: I fell in love.
The morning cleared again,
except for a distant mortar
& somewhere choppers taking off.
I slid the wallet into his pocket
& turned him over, so he wouldn’t be
kissing the ground.

 

Yusef Komunyakaa (Bogalusa, Louisiana, 1947) poeta, dramaturgo y profesor norteamericano. Hijo de un humilde carpintero que nunca aprendió a escribir. Fue inscrito con el nombre James William Brown y sólo más tarde reclamó el apellido Komunyakaa que su abuelo, llegado desde Trinidad en un barco, había perdido. Obtuvo una amplia reputación cuando recibió en 1994 el Premio Pulitzer por su libro Neon Vernacular: New & Selected Poems 1977-1989. Se graduó en la Universidad de Colorado en 1975, después de volver del ejército, y actualmente, después de haber sido profesor en diversas universidades, enseña en la Universidad de Nueva York. Entre sus poemarios cabe destacar: Magic City (1992), Thieves of Paradise (1998), Talking Dirty to the Gods (2000), Pleasure Dome: New & Collected Poems, 1975-1999 (2001), Taboo: The Wishbone Trilogy, Part 1 (2006), Warhorses (2008), The Chameleon Couch (2011) y The Emperor of Water Clocks (2015).

 

Visits: 966
+1

1 comentario en “Camuflando la quimera: Yusef Komunyakaa”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *